Son heroínas, sin saberlo, aunque nadie nunca se lo vaya a reconocer. En el mundo rural, sobre todo, aunque no sólo. En esas mujeres, invisibles, desdeñadas, ignoradas y relegadas, que nunca serán noticia, es en las que yo también pienso en este día de «celebración». Mujeres, sin nada que celebrar, y que bien merecerían una segunda oportunidad sobre la tierra.
Entro en la «edad del júbilo», vuelvo a Ítaca
COMENCÉ A MAQUINAR esta entrada hace unos ocho meses. Una entrevista con Pedro Piqueras, firmada por Luz Sánchez-Mellado, en El País, me dio el impulso necesario para hilvanar algunas de las ideas que ya me rondaban desde hace tiempo, y que he ido macerando a fuego lento hasta estos días.










Mientras sigan invisibles tantas mujeres, habrá que celebrar o conmemorar el 8 de marzo.